A los 17 años, mientras me formaba como actor, comencé a explorar el mundo del vestuario de ficción, y a crear una serie de vestidos teatrales y estrambóticos. Allí se abrió todo un universo de posibilidades, y se despertó esta pasión que a día de hoy me mantiene vivo. Aquello que era un juego de pequeño, disfrazándome frente al espejo y creando teatrillos para toda la familia, se ha convertido en esta profesión que me permite seguir soñando despierto.





























